domingo, 5 de diciembre de 2010

La Purísima de Nicaragua


Cuando solamente faltan dos días para celebrar La Purísima, los nicaragüenses esperan con ansias esta tradicional festividad mariana que se celebra desde hace más de 300 años, según el libro Las Purísimas que escribió el historiador mariano y maestro de generaciones Edgardo Buitrago (q.e.p.d.)
Por: Emiliano Chamorro
La Prensa.com.ni

Según investigaciones del historiador nicaragüense, los promotores iniciales del culto a la Virgen María en Nicaragua fueron los frailes franciscanos.

Fue a inicios del siglo XVIII que esta orden religiosa propagó la veneración a la Virgen en las ciudades de Granada, León y El Viejo.

Sin embargo, fue en León donde comenzó a celebrarse la Gritería, tal como se le conoce hoy en todo el país.

Según el libro del insigne investigador de nuestras tradiciones, en un inicio los frailes instaron al pueblo a rezar en sus casas la novena a la Inmaculada Concepción, entre familiares y amigos. Hoy en día la Purísima o bien la Gritería se celebra con gran fervor en avenidas, empresas, calles, lugares improvisados, iglesias, casas y desfiles con el grito: “ ¡Quién causa tanta alegría! ¡La Concepción de María!”

Como lo explica el historiador Buitrago en su libro Las Purísimas , sus formas y sus orígenes, al finalizar los rezos en las casas, el día 7 de diciembre, la gente iba y venía en grandes grupos por las calles, formándose un alegre y concurrido desfile callejero. Fue entonces cuando los frailes franciscanos decidieron que cuando cada grupo se encontrara con otro, uno gritara: “¿Quién causa tanta alegría?” Y el otro respondiera: “La Concepción de María”, con lo cual nació en León la noche que hoy conocemos como de la Gritería. El interés de los franciscanos era que el pueblo proclamara abierta y entusiastamente que María había sido concebida sin pecado original.

“Muy a principios del siglo XVIII, los frailes franciscanos que ocupaban el antiguo Convento de San Francisco celebraban en diciembre el novenario en honor a la Inmaculada Concepción y era tanta la gente que llegaba que no cabía en el templo ni en el atrio, y viendo el entusiasmo y devoción del pueblo instaron a la gente para que rezaran el novenario en sus casas a fin de que nadie se quedara sin rezar, y repartieron entre el público novenas y estatuillas de la Virgen”, según datos del libro Las Purísimas .

Devoción Nicaragüense

Las Purísimas en todas sus formas de devoción son de origen nicaragüense. La noche de la Gritería representa para el pueblo mariano nicaragüense la máxima expresión de culto a la Virgen María.

Purísima

La fiesta de la Purísima se celebra en cada pueblo y ciudad de Nicaragua. Personas de todas las edades y clases sociales celebrarán con devoción y fe mariana a la Madre de Dios.
Purísima es el modo con que el pueblo nicaragüense llama a la Santísima Virgen María en el ministerio o privilegio de su Inmaculada Concepción.

Purísima, o sea, la pura en el grado más alto que se puede reconocer en el ser humano. Purísima desde el primer instante de su existencia al ser concebida en el seno de su madre, Santa Ana, exenta de todo pecado original.

Durante mucho tiempo, la expresión Concepción de María se empleaba para significar el momento en que María, por obra del Espíritu Santo, concibió al Verbo encarnado (fiesta de la Anunciación).

La concepción de María
 
La Iglesia también se prepara para celebrar el próximo 8 de diciembre el Día de la Concepción de María.

La festividad se celebra con gran solemnidad, dado que fue un 8 de diciembre de 1854 en el ejercicio de su poder pontificio, el Papa Pío IX promulgó la bula “Ineffabilis Deus”, en la que expuso y definió como “doctrina revelada por Dios y que todos los fieles deben creer firme y constantemente, en que la Santísima Virgen María, fue preservada de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, por gracia y privilegio únicos que le concedió Dios Todopoderoso en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”. Esto significa, que el alma de María, en el momento en que fue creada e infundida, estaba adornada de la gracia santificante. En el alma de María no existió jamás la mancha del pecado original.

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